Mensaje para el pueblo colombiano de parte de sus obispos: “No nos podemos quedar parados”

Los Obispos Colombianos, reunidos recientemente en Asamblea Plenaria, enviaron al pueblo colombiano un fuerte llamado a comprometerse activamente en la transformación de la realidad.

Redacción CAL
10/11/2017
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Aún en el contexto de la reciente visita apostólica del Papa Francisco a Colombia, y con el fin de profundizar en el mensaje de fe y esperanza que el Santo Padre dejó al pueblo colombiano, los Obispos de ese país se pronunciaron al concluir su Asamblea Plenaria, con un mensaje titulado “No nos podemos quedar parados”, tomado de las palabras mismas de Francisco durante su peregrinación en ese país.

La finalidad del mensaje es la de invitar al pueblo colombiano “a tomar conciencia de la realidad y de la responsabilidad que todos tenemos frente a ella”. Colombia, según lo expresan los mismos obispos, está viviendo un momento delicado, en el que, según palabras del mismo Francisco, junto con los grandes ideales, “hay densas tinieblas que amenazan y destruyen la vida: las tinieblas de la injusticia y de la inequidad social; las tinieblas corruptoras de los intereses personales o grupales, que consumen de manera egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos; las tinieblas del irrespeto por la vida humana...; las tinieblas de la sed de venganza y el odio..., las tinieblas de quienes se vuelven insensibles ante el dolor de tantas víctimas”.

En el mensaje se enumeran estas situaciones “dramáticas y preocupantes” que vive el pueblo colombiano, muchas de las cuales, habría que decir, son problemas comunes de la realidad latinoamericana:

La corrupción, que ha permeado las estructuras fundamentales de la sociedad y ha contaminado las ideas, los principios y los valores, generando una crisis de institucionalidad, ante todo en la justicia, la economía y la política.

- La falta de soluciones a la gravísima problemática del sector de la salud; situación que ha alcanzado dimensiones insospechadas y que afecta de manera particular a los más pobres y débiles. 


- El fortalecimiento de las dinámicas que sustentan el cultivo de productos de uso ilícito y el tráfico de estupefacientes, problema al que el Papa llamó “drama lacerante de la droga”. Se constata con mayor fuerza y con impotencia, en los campos y en las ciudades, el incremento de la drogadicción que esclaviza a personas de cualquier edad o condición social. 


- La incertidumbre frente a los procesos de implementación de los acuerdos de paz con la guerrilla de las FARC y frente al futuro de las negociaciones con el ELN, así como el resurgimiento de nuevas formas y actores de violencia. 


- La polarización y la división, por cuenta de partidismos e intolerancias, que no nos dejan llegar al proyecto común que necesitamos en nuestra patria. 


- Los atentados contra la vida y la familia, así como la manipulación ideológica de la educación, sustentados también desde los ámbitos legislativo y judicial. El país se está acostumbrando a recibir decisiones que tocan y afectan la dignidad de las personas y la identidad de la familia, que son valores fundamentales de la sociedad. 


- La inestabilidad social manifestada, por ejemplo, en el desempleo, los frecuentes “paros”, el asesinato de líderes sociales y la difícil situación de campesinos, indígenas y afrodescendientes. Nos preocupa la crisis humanitaria en que se encuentran nuestros hermanos que han venido de Venezuela. 


Asimismo, señalan los elementos que el Papa Francisco les indicó para afrontar estas heridas y “tender puentes”:

- Coloquemos “en el centro de toda acción política, social y económica a la persona humana, su altísima dignidad y el respeto por el bien común”. 


- Mantengamos la esperanza, que podemos vislumbrar en toda persona buena, en cada gesto de honestidad y búsqueda del bien común. Todos debemos ser responsables, con hechos de bondad y de rectitud, del rescate moral de nuestra sociedad. 


- Multipliquemos la solidaridad con los más necesitados; el Papa nos pidió mirarlos a los ojos y perder el “miedo a tocar la carne herida de Cristo en el que sufre”; acerquémonos sobre todo a las víctimas de la violencia. Al mismo tiempo, pedimos del Gobierno soluciones eficaces frente a la crisis de la prestación de salud, especialmente por cuanto se refiere a la cobertura para los más pobres. La salud es un derecho, no un negocio.

- Aunemos esfuerzos y políticas claras frente al fenómeno del narcotráfico y la drogadicción. Se deben encontrar soluciones para las problemáticas sociales en que están involucrados cultivadores, traficantes y consumidores. 


- Fortalezcamos valores esenciales como la verdad, la libertad, la justicia, el perdón y la reconciliación, sin los que no se llega a una paz auténtica e integral. 


- Reconciliémonos también con la naturaleza, prodigando cuidado y protección a las maravillas que Dios nos ha dado en la biodiversidad de nuestra tierra. 


Los obispos terminan haciendo una invocación a vender el temor, pues “con fe y esperanza se pueden superar las dificultades y generar una cultura del encuentro que nos comprometa en la construcción de una nación reconciliada y en paz”. 

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