bergoglio
MENTE ABIERTA, CORAZÓN CREYENTE
Editorial Claretiana
Buenos Aires, 2012


Cuando me propuso el editor que hiciera el prologo a esta obra del Cardenal Jorge Bergoglio le agradecí el ofrecimiento por lo que significaba. En primer lugar por mi  cercanía y reconocimiento a Cardenal, Como por el gesto hacia mí. Con todo, trate de explicarle que tenía muchas ocupaciones inmediatas y que demoraría un tiempo en hacerlo. El insistió, terminé aceptando y no me arrepiento.

Al iniciar la lectura, percibí que se trataba de una obra que recogía un largo camino de reflexión, predicaciones y retiros espirituales, y que ahora se presentaba como el fruto de esas experiencias para proponerlas como un servicio en el seguimiento de Jesucristo. Destaco el aspecto testimonial del libro; hablaría de la transmisión de una experiencia de varios años que surgen de la vida y tarea de un sacerdote, formador y pastor. Se percibe el contexto de un retiro espiritual, o mejor de varios, en los que se fueron tejiendo y nacieron los textos que conforman esta obra. Esta diversidad de tiempos y circunstancias no le quita unidad, ella no proviene solo del autor sino, y sobre todo, de la persona de Jesucristo que es el centro en quien se contempla la fuente de la vida y espiritualidad cristiana. Es de marcar la preocupación que manifiesta al presentar la vida cristiana como una realidad orientada a mejorar la vida en sus relaciones con Dios, el mundo y los hombres. Valoro este aterrizaje en lo concreto, que tanto nos sirve para orientar conductas y caminos de espiritualidad, como de base para un sincero examen de conciencia.

Otra característica que considero importante señalar es la familiaridad con los textos bíblicos que denota una sólida teología bíblica, desde una óptica, diría sapiencial, que los enriquece en orden a su aplicación en la vida. No estamos ante un estudio exegético, aunque se percibe conocimiento y rigor teológico en el manejo de los textos. Lo bíblico, en especial las enseñanzas de Jesús, aparecen como algo muy cercano a lo humano, como algo, diría, que le pertenece a hombre y que tal vez lo estaba esperando. Esto le da actualidad y un alcance mayor respecto al posible lector que lo descubra. Estamos ante una obra que nos presenta la figura y las palabras de Jesús como un camino que es humano y divino, es decir, lo divino no aleja de lo humano sino que lo supone, lo libera y le da plenitud; es más, podríamos decir que lo humano aparece necesitado de lo divino para sí: plena realización.

En su lectura se percibe, además, el conocimiento que tiene el autor del use de la lengua y el poder cautivante y revelador de la palabra. Creo que esto se debe, al menos, en parte, a que en su juventud fue profesor de literatura. Recuerdo, y esto es algo testimonial, que una vez le pregunté por sus vacaciones, que hacía en el mes de enero en Buenos Aires, a dónde iba. Recuerdo que me respondió que se quedaba en la curia y que descansaba rezando y leyendo (releyendo) a los clásicos. Su respuesta me sorprendió pero me sirvió, y he tratado de ponerla en práctica. Cuánto hemos perdido culturalmente en la ruptura con lo clásico. Esta pequeña confidencia que me he permito recordar explica su buen manejo del idioma como la belleza de su prosa. Lo estético forma parte de la fe cristiana, ella tiene su fuente e inspiración en Dios.

Dado que se trata de un libro para ser trabajado, en el sentido de una lectura meditada y orientada al crecimiento espiritual es de valorar que, junto a la abundancia de los textos bíblicos y citas del magisterio, se incluyan cánticos y poesías tomadas de la liturgia como de la tradición religiosa de la Iglesia. Esto le agrega una nota de belleza y un colorido especial, que ayuda a crear un clima particular de oración. Considero pedagógico y muy útil, además, que al concluir cada tema se proponga un momento guiado de reflexión: "Para orar y profundizar". Como vemos, estamos ante una obra de un contenido profundo y siempre actual, pero de simple y agradable lectura, que busca involucrar al lector en un camino de reflexión espiritual orientada a elevar su vida. La obra se divide en cuatro partes que guardan una unidad de fin, como ya lo hemos señalado, pero cada una de ellas tiene una autonomía que nos permite acercarnos en su propia identidad y riqueza. En la división de la obra se deja traslucir, aunque el autor tal vez no lo haya buscado intencionalmente, el esquema, no tornado materialmente, del Catecismo de la Iglesia Católica. Se comienza por el encuentro con Jesucristo para concluir, en la ultima parte, con la oración vista desde la experiencia de varios testigos tomados de las Sagradas Escrituras. La fe y la oración son los dos ejes que dan unidad y consistencia a esta obra. Como veremos, por otra parte, este camino de renovación espiritual no nos encierra en un juego o actividad que podría aislarnos, sino que desde la misma fe en Dios, que hemos conocido en Jesucristo, nos abre a una vida de caridad en nuestras relaciones y de dinamismo misionero en la vida de la Iglesia. La primera parte nos presenta el encuentro con Jesús a través de los diversos diálogos que nos ofrecen los evangelios. En ello podemos apreciar la rica tradición "ignaciana" del autor para recrear las circunstancias y el lugar en que se encuentra Jesús con las distintas personas, como su capacidad para mostrar el valor y el significado de las palabras que el Señor utiliza. Desde este encuentro con Jesús comienzan a iluminarse las diversas situaciones de la vida del cristiano, que van desde el gozo del encuentro con el que define una vocación, hasta la cruz, incluyendo el dolor y la experiencia del pecado. Esto marca un profundo y gozoso sentido de la esperanza cristiana que tiene, en Cristo muerto y resucitado, la vida de todo hombre. Nada queda afuera de la presencia y de la palabra de Jesús.

La vida y la palabra de Jesús nos revelan en toda su plenitud la historia de la salvación, como marco actual en el que se desarrolla nuestra vida. Esta temática ocupará la segunda y tercera parte que nos introduce en esa epifanía de la revelación como historia de amor, de vida y de misión, en ese camino providencial hacia la manifestación final. Jesucristo nos muestra en este marco la presencia de la Iglesia como la "epifanía de la Esposa". En este tiempo de la Iglesia va a cobrar particular relieve el tema de la misión, como expresión de la revelación del amor salvífico del Padre. A esta segunda parte la considero como una gran fuerza de estímulo y movilización para la vida de la Iglesia. Recuperar el significado evangelizador de la fe, en el marco de la comunión de la Iglesia, es un desafío llamado a definir con urgencia un compromiso apostólico.

La tercera parte nos habla de la Iglesia en su vida concreta, con sus grandezas, debilidades y pequeñeces. Creo que ha sido muy oportuno, y sabio, hacerlo desde la misma palabra de Dios, tomando el Apocalipsis, en las cartas dirigidas a la siete Iglesias (Ap. 1-3). El valerse para el estudio y meditación de estos textos, que no son fáciles de interpretar, de figuras como Romano Guardini y Hans Urs Von Baltasar, son muestra de la seriedad con la que se ha afrontado la reflexión. Poco me queda por agregar en este breve prologo sobre esta tercera parte, solo invitarlos a una lectura pausada que nos permita descubrirnos y amar a esta Iglesia, en su ropaje tantas veces frágil que nos desconcierta. Pero que es la única y hermosa Esposa del Cordero. Solo les diría que a mí me ha hecho mucho bien.

La ultima parte está dedicada a la oración vista, como dijimos, desde nuestra realidad concreta. No es extrañar, por ello, que el primer tema sea: "Nuestra carne en oración". Los diversos momentos por los que pasa nuestra oración, cercanía, alejamiento, abandono..., serán considerados desde diversos testigos bíblicos. Así, nos encontraremos con Abraham, Moisés, David, Job, Judith…, que nos acompañarán con su experiencia religiosa. Un tema que vuelve a aparecer en esta parte sobre la oración, y que nos recuerda aquellos primeros encuentros con Jesucristo, es el de "dejarse conducir".  Hay como una necesaria pasividad activa que es signo de la presencia del Espíritu. Concluye, finalmente, con una referencia a Jesucristo Sacerdote en su oración al Padre, que es fuente y modelo de toda oración cristiana.

Creo que la obra que tienen en sus manos y que he tenido el agrado de prologar, es fruto de un largo camino de reflexión y oración que necesita, por ello, de una lectura pausada; darnos tiempo es el primer requisito para avanzar en algo importante. Estamos acostumbrados a leer rápidamente para informarnos, este libro tiene otra pretensión. Agradezco al Cardenal Bergoglio que se haya decidido a recoger estos diversos escritos para presentarlos, en la unidad de una obra, como un camino siempre actual que nos ayuda y enriquece.


Mons. Jose Maria Arancedo

Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz