Quienes somos

La Pontificia Comisión para América Latina es un organismo de la Curia Romana creado en 1958 que tiene como función primordial la de “aconsejar y ayudar a las Iglesias particulares en América Latina” y “estudiar las cuestiones que se refieren a la vida y progreso de dichas Iglesias, especialmente estando a disposición, tanto de los dicasterios de la Curia interesados por razón de su competencia, como de las mismas Iglesias para resolver dichas cuestiones.” (Juan Pablo II, Constitución Apostólica Pastor Bonus, art. 83).

En relación con ello, según indica el Motu Proprio de Juan Pablo II “Decessores nostri”, corresponde a la CAL, a través de su Presidente, informar “regularmente al Sumo Pontífice sobre cada uno de los asuntos”, y sugerir y promover “las iniciativas o medidas de gobierno que considere convenientes u oportunas”. (Juan Pablo II, Motu Proprio Decessores nostri).

 

También es tarea de la CAL favorecer “las relaciones entre las instituciones eclesiásticas internacionales y nacionales, que trabajan en favor de las regiones de América Latina. y los dicasterios de la Curia Romana” (Juan Pablo II, Constitución Apostólica Pastor Bonus, art. 83-84).

 

a) con el Consejo Episcopal Latino-Americano (CELAM) y su Secretariado General, teniendo relación continua con los mismos y siguiendo diligentemente cuanto se refiere a sus tareas y a sus iniciativas, en particular, de acuerdo con los competentes organismos de la Curia Romana, se ocupa de examinar las resoluciones y propuestas formuladas por el CELAM en sus propias reuniones;

 

b) con los Organismos episcopales nacionales y con otras Instituciones de ayuda a América Latina:

 

c) con la Confederación Latino-Americana de Religiosos (CLAR), consultando a la Congregación, que se llamará para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica, especialmente por lo que se refiere a la inserción y participación de los religiosos en la pastoral de la Iglesia en América Latina y, por tanto, a las relaciones de dicha Confederación con los obispos diocesanos, con las Conferencias Episcopales y con el mismo CELAM;

 

d) con las Instituciones Católicas Internacionales y otras asociaciones y movimientos que operan en América Latina, escuchando oportunamente el parecer del Consejo para los Laicos.