Ideología de género. Algunas intervenciones del Papa Francisco

Intervenciones del Papa Francisco sobre el tema de la "ideología de género". ¿Estaremos frente a un nueva ideología totalitaria?

Redacción CAL
3/6/17
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Ideologia_de_genero

Durante su pontificado el Papa Francisco ha hablado en numerosas ocasiones y siempre en tono sumamente crítico de la denominada “ideología de género”, llegándola a considerar uno de los mayores atentados de nuestros días contra la dignidad humana y tal vez la mayor amenaza existente contra la familia.

A estas alturas se puede afirmar sin ambages que es un tema muy presente en la enseñanza del Papa latinoamericano y por ello proponemos aquí un resumen de lo dicho hasta ahora sobre este tema por el Pontífice; no se incluyen todas las menciones del Papa a este tema, pero sí las principales, luego de lo cual les ofrecemos el excelente artículo “Crítica a la ideología de género”, del político catalán Josep Miró i Ardèvol, que consideramos una explicación excelente sobre la realidad de este tema y la manera en que debe ser abordado desde una perspectiva objetiva.

Frente a esto de la “ideología de género” pueden encontrarse numerosas actitudes o posiciones; desde los que niegan su existencia hasta los que la usan como pretexto para posturas de intolerancia sexista o agresivas contra personas que manifiestan una orientación sexual diferente. Obviamente la enseñanza de la Iglesia no suscribe ninguna de estas posiciones, aunque suele ser injustamente identificada con la segunda. El Magisterio y algunas intervenciones de carácter formal e informal del Papa Francisco muestran claramente la verdad sobre este tema desde la perspectiva de la fe católica. Vayamos en orden cronológico.

Una de las primeras referencias a estos temas la encontramos en la catequesis de la Audiencia General del 15 de abril del 2015 que estuvo dedicada a la familia como don de Dios para la humanidad. Tanto esa catequesis como la siguiente se refirieron “a la diferencia y la complementariedad entre el hombre y la mujer, que están en el vértice de la creación divina”. Explicó con imágenes muy bellas y en profundidad el sentido de las diferencias entre hombre y mujer, y su radical complementariedad. Ambos, hombre y mujer, señaló el Papa, son individualmente imagen de Dios, pero también lo son “como pareja” en cuanto unidos en una sola carne.

En este contexto el Papa se refirió directamente al asunto de la “ideología de género”:

“La cultura moderna y contemporánea ha abierto nuevos espacios, nuevas libertades y nuevas profundidades para el enriquecimiento de la comprensión de esta diferencia. Pero ha introducido también muchas dudas y mucho escepticismo. Por ejemplo, yo me pregunto si la así llamada teoría del gender no sea también expresión de una frustración y de una resignación, orientada a cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma. Sí, corremos el riesgo de dar un paso hacia atrás. La remoción de la diferencia, en efecto, es el problema, no la solución”, concluyó tajantemente el pontífice.

En esa ocasión el Papa también se refirió a una “crisis de confianza colectiva en Dios”, la cual “hace que nos enfermemos de resignación ante la incredulidad y el cinismo” y se preguntó si ella “no esté también relacionada con la crisis de la alianza entre el hombre y la mujer”. En este sentido invitó a todos los fieles presentes a redescubrir la belleza del don del matrimonio y de la familia, fruto de “la alianza entre el hombre y la mujer”.

Poco después, en la Encíclica Laudato sì, del 24 de mayo del 2015, no se menciona el término “ideología de género”, pero en dos numerales el Papa claramente se refiere ello.

El primero es el número 115, cuando afirma que “si el ser humano no redescubre su verdadero lugar, se entiende mal a sí mismo y termina contradiciendo su propia realidad”; e inmediatamente cita el numeral 841 de la Encíclica Centesimus Annus de Juan Pablo II: “No sólo la tierra ha sido dada por Dios al hombre, el cual debe usarla respetando la intención originaria de que es un bien, según la cual le ha sido dada; incluso el hombre es para sí mismo un don de Dios y, por tanto, debe respetar la estructura natural y moral de la que ha sido dotado”. Es cierto que la referencia a la citada ideología no parece intencional, pero se menciona un principio de ley natural que claramente quiere ser conculcado por ella. En la siguiente mención es mucho más clara la referencia al tema, en el numeral 155:

“La ecología humana implica también algo muy hondo: la necesaria relación de la vida del ser humano con la ley moral escrita en su propia naturaleza, necesaria para poder crear un ambiente más digno. Decía Benedicto XVI que existe una «ecología del hombre» porque «también el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo». En esta línea –continúa el Papa–, cabe reconocer que nuestro propio cuerpo nos sitúa en una relación directa con el ambiente y con los demás seres vivientes. La aceptación del propio cuerpo como don de Dios es necesaria para acoger y aceptar el mundo entero como regalo del Padre y casa común, mientras una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio sobre la creación. Aprender a recibir el propio cuerpo, a cuidarlo y a respetar sus significados, es esencial para una verdadera ecología humana. También la valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente. De este modo es posible aceptar gozosamente el don específico del otro o de la otra, obra del Dios creador, y enriquecerse recíprocamente. Por lo tanto, no es sana una actitud que pretenda «cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma»”.

Es clarísima en la explicación del Papa la referencia directa a lo que pretende hacer la llamada “ideología de género” en relación con la identidad humana. Destacan en la explicación el carácter destructivo que conlleva la negación o la no aceptación de una identidad que no está “construida” en base a condicionamientos sociales, sino que viene dictada por la naturaleza, y al mismo tiempo su relación intrínseca con la creación misma. Pero más explícita aún es su referencia a la necesidad de aceptar y valorar la naturaleza femenina o masculina en el propio ser, y de reconocer las diferencias que ello implica como parte del enriquecimiento mutuo.

Las siguientes referencias, mucho más directas, las tomamos del otro importante documento del Papa Francisco que es la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia.

En el numeral 53 el Papa señala un peligro: “Avanza en muchos países una deconstrucción jurídica de la familia que tiende a adoptar formas basadas casi exclusivamente en el paradigma de la autonomía de la voluntad”. Pero en el numeral 56 encontramos ya la primera referencia explícita y directa a la ideología de género:

“Otro desafío surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada gender, que «niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo»”.

Pero el Papa no se limita a señalar el problema. Seguidamente hace un apelante llamado a los fieles cristianos a resistir al riesgo de revelarse contra Dios, al que conduce el adoptar este tipo de posiciones: “No caigamos en el pecado de pretender sustituir al Creador. Somos criaturas, no somos omnipotentes. Lo creado nos precede y debe ser recibido como don. Al mismo tiempo, somos llamados a custodiar nuestra humanidad, y eso significa ante todo aceptarla y respetarla como ha sido creada”.

En el numeral 153 el Papa señala algo que los postulantes de esta ideología se niegan a aceptar: “No podemos ignorar que muchas veces la sexualidad se despersonaliza y también se llena de patologías, de tal modo que «pasa a ser cada vez más ocasión e instrumento de afirmación del propio yo y de satisfacción egoísta de los propios deseos e instintos»”. Esto, por lo demás, lejos de ser una afirmación gratuita, está refrendada por numerosos estudios de carácter científico, en el campo de la biología y de la psiquiatría principalmente. Ciertamente la “ideología de género”, como muchas otras ideologías, se basa en una serie de postulados antropológicos anclados en construcciones socio-culturales contrarias a las evidencias científicas. En ese mismo numeral denuncia valientemente Francisco: “¿Acaso se pueden ignorar o disimular las constantes formas de dominio, prepotencia, abuso, perversión y violencia sexual, que son producto de una desviación del significado de la sexualidad y que sepultan la dignidad de los demás y el llamado al amor debajo de una oscura búsqueda de sí mismo?”.

En el numeral 155 hay un comentario sumamente agudo del Papa que tiene relación con esa “lógica de dominio” de la que hablábamos antes, que también afecta a la relación entre el ser humano y el mundo externo, y que es consecuencia de la antigua tentación de independencia da la criatura frente a su Creador: “En la lógica del dominio, el dominador también termina negando su propia dignidad, y en definitiva deja «de identificarse subjetivamente con el propio cuerpo», ya que le quita todo significado”.

En referencia a la pretensión de algunos lobbies y grupos de presión política o social de equiparar la unión matrimonial a otra serie de uniones para que sean acogidas en el paraguas del concepto “familia”, “es inaceptable –señala el Papa en el numeral 251– que las iglesias locales sufran presiones en esta materia y que los organismos internacionales condicionen la ayuda financiera a los países pobres a la introducción de leyes que instituyan el “matrimonio” entre personas del mismo sexo»”.

Y finalmente, en el numeral 285, en lo que parece ser una síntesis de todo lo anterior, afirma el Papa:

“Más allá de las comprensibles dificultades que cada uno pueda vivir, hay que ayudar a aceptar el propio cuerpo tal como ha sido creado, porque «una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio sobre la creación […] También la valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente. De este modo es posible aceptar gozosamente el don específico del otro o de la otra, obra del Dios creador, y enriquecerse recíprocamente». Sólo perdiéndole el miedo a la diferencia, uno puede terminar de liberarse de la inmanencia del propio ser y del embeleso por sí mismo. La educación sexual debe ayudar a aceptar el propio cuerpo, de manera que la persona no pretenda «cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma»”.

Además de estos importantes documentos del magisterio de Francisco, podemos también mencionar otros momentos formales e informales de su ministerio pastoral.

En agosto del 2016, durante su visita apostólica a Polonia con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud, hubo un momento que pasó inadvertido para la prensa, durante el encuentro que protagonizó el Papa con los obispos polacos. No se trató de un discurso oficial sino de un diálogo, del que la Santa Sede posteriormente publicó una versión oficial. En la parte final, luego de la última pregunta, que no era pertinente a esta temática, curiosamente el Papa, como haciendo un excurso espontáneo bastante sorprendente, agregó lo siguiente:

 “Quisiera concluir aquí con este aspecto, porque detrás de esto hay ideologías. En Europa, América, América Latina, África, en algunos países de Asia, hay verdaderas colonizaciones ideológicas. Y una de estas –lo digo claramente con «nombre y apellido»– es el gender. Hoy a los niños –a los niños– en la escuela se enseña esto: que cada uno puede elegir el sexo. ¿Por qué enseñan esto? Porque los libros son los de las personas y de las instituciones que dan el dinero. Son las colonizaciones ideológicas, sostenidas también por países muy influyentes. Y esto es terrible. Hablando con Papa Benedicto, que está bien y tiene un pensamiento claro, me decía: «Santidad, esta es la época del pecado contra Dios creador». Es inteligente. Dios ha creado al hombre y a la mujer; Dios ha creado al mundo así, así, y nosotros estamos haciendo lo contrario. Dios nos dio un estado «inculto» para que nosotros lo transformáramos en cultura; y después, con esta cultura, hacemos cosas que nos devuelven al estado «inculto». Lo que ha dicho el Papa Benedicto tenemos que pensarlo: «Es la época del pecado contra Dios creador». Esto nos ayudará”.

Podríamos preguntarnos qué personaje de este orden o con este nivel de influencia, en el ámbito internacional y gubernamental, habla de estos temas con la libertad y la claridad del Papa Francisco.

También durante su viaje apostólico a Georgia en el mes de octubre de 2016, en los diálogos informales sostenidos con periodistas en pleno vuelo, el Papa tuvo la oportunidad de responder a algunas preguntas sobre este tema. En primer lugar hay que decir que en esa oportunidad como en muchas otras, el Papa no se ha cansado de reiterar que la Iglesia debe ser ante todo un lugar de escucha y acogida para cualquier persona sin importar su condición u orientación sexual. Allí habló de su propia experiencia, de cómo en su vida “de sacerdote, de obispo y también de Papa” ha tenido numerosos encuentros con personas que viven estilos de vida diferentes, que la Iglesia no promueve ni considera buenos, pero “cuando una persona que tiene esta condición llega ante Jesús –señaló el Papa coloquialmente– Jesús no le dirá seguramente: «¡Vete porque eres homosexual!».

Sin embargo, Francisco condenó la “maldad” de la ideología del gender, y sobre todo el adoctrinamiento que se lleva a cabo en muchos lugares, más grave en las escuelas, que busca “cambiar la mentalidad”, y que señaló como forma de “colonización ideológica”.  Hablamos de un contenido que el Papa ha calificado claramente como “contra natura”. “Una cosa –señaló en ese viaje– es cuando alguien tiene esa tendencia… y otra es cuando se enseña en los colegios”. Efectivamente, “hoy en día en los colegios les están enseñando a los niños… ¡a los niños! ... que todos pueden elegir su género”. “Las tendencias o los desequilibrios hormonales –prosiguió el Papa– provocan muchos problemas y debemos estar atentos a no decir: «todo es lo mismo, hagamos fiesta”. No. Esto no. Pero en todo caso recibirlo, acompañarlo, estudiarlo, discernir e integrarlo». E ironizando, con un poco de humor pero con seriedad, solicitó a los periodistas: “Por favor, no digan: «¡El Papa santificó a los trans!» Por favor, ¿eh?”

Luego continuó con un tono un poco más firme: “Quiero ser claro: es un problema moral. Es un problema humano. Y se debe resolver como se puede, siempre con la misericordia de Dios, con la verdad, como hemos hablado en el caso del matrimonio, leyendo toda la Amoris Letitia, pero siempre así, con el corazón abierto”.

También se conversó sobre el tema de la familia, íntimamente unido al de la ideología del gender, porque es su principal víctima. El Papa reafirmó el rol insustituible de la familia y de la relación complementaria entre el hombre y la mujer, única capaz de llenar el ideal de esta institución de origen divino y natural. El Santo Padre señaló que “la imagen de Dios no es el hombre: es el hombre con la mujer, Juntos, que son una sola carne cuando se unen en matrimonio”. Y señaló también que en medio de la confusión actual, que tiene que ver también con cuestiones de orden filosófico y conceptual, se está produciendo una verdadera “guerra mundial” contra el matrimonio, que es parte de la cultura que él mismo llama “de descarte” y que se relaciona también con lo que Benedicto XVI señalaba como una “filosofía de supermercado”, en la que se toma individualmente lo que se quiere descartando lo que no conviene, independientemente de cualquier principio rector externo. Pero con todo esto, como afirmó el Papa durante su vuelo de regreso a Roma, “la última palabra no la tiene el pecado, sino la misericordia”; y exhortó finalmente a una lectura integral de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia.

Cabe decir que el Papa Francisco, demostrando una conciencia muy fuerte de este tema y de los peligros que hoy atentan contra la dignidad del hombre y de la mujer y contra la institución matrimonial y familiar, se ha referido a él en múltiples ocasiones: en Audiencias Generales, en reuniones de distintos tipo y en sus viajes apostólicos, frente a grupos de Obispos, sacerdotes, religiosas y laicos jóvenes y adultos.

Evidentemente todas estas declaraciones e intervenciones han sido calladas sistemáticamente por una parte grande de los medios de comunicación que, en cambio, sí divulgaron obsesivamente y usaron en sus propias agendas ideológicas la famosa frase del Papa: “¿quién soy yo para juzgarlos?”, que, según ellos, sería una muestra de su visión “progresista” o “progresiva” en relación con la homosexualidad. Pero la verdad es que dicha frase no está en discontinuidad en ningún sentido que la enseñanza común y tradicional de la Iglesia, con la que definitivamente todos los cristianos estamos de acuerdo. Inmediatamente después de esa afirmación, el mismo Papa Francisco traía a colación el Catecismo de la Iglesia Católica. La Iglesia, en efecto, juzga la realidad desde la visión cristiana y, desde ella, siguiendo los principios de la ley natural y de la ley moral que tiene su fundamento en la Revelación, realiza responsablemente su encargo de enseñar a los fieles a distinguir lo bueno de lo malo, y desde esa visión alienta a hacer el bien y condena el mal, pero jamás discrimina ni juzga las intenciones del corazón, ni siquiera del más vil de los pecadores, ni desea su destrucción, sino que pretende su mayor bien humano y espiritual. Dios no excluye a nadie de su Misericordia.

Finalmente les ofrecemos el artículo de Josep Miró i Ardèvol, al que se puede acceder en el siguiente link.