V ENCUENTRO NACIONAL DE PASTORAL HISPANA

UN GRAN EVENTO DE LA IGLESIA EN ESTADOS UNIDOS

Redacción CAL
09/10/2018
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     Del 20 al 23 de septiembre tuvo lugar en las cercanías de Dallas el V Encuentro Nacional de Pastoral Hispana de la Iglesia católica en Estados Unidos. Asistieron a este evento más de 3.000 delegados – laicos y familias, sobre todo, pero también sacerdotes, religiosos y religiosas - provenientes de parroquias, diócesis, regiones, movimientos y organizaciones, en las que el pueblo hispano católico participó intensamente en 4 años de intensa preparación, intercambiando reflexiones, testimonios y experiencias. Junto con ellos, se hicieron también presentes al Encuentro más de 150 Obispos de todo el país.

     Para apreciar los trabajos de este Encuentro, se puede visitar su sitio web (https://vencuentro.org/es). Allí se han recogido muchas intervenciones, conferencias y homilías que se han sucedido durante sus cuatro días de desarrollo. Se destaca entre ellas la notable conferencia pronunciada, en lengua inglesa, por el Arzobispo Christopher Pierre, Nuncio Apostólico en Estados Unidos, que introdujo a fondo en los puntos fundamentales de la Exhortacion apostolica “Evangelii Gaudium”.

     A continuación se transcribe la intervención del Dr. Guzmán Carriquiry Lecour, especialmente invitado para el Encuentro, quien pronuncio las siguientes palabras en el día conclusivo del evento.

Queridos amigos:

Dejo este Encuentro con una gran alegría en el corazón, después de haber participado en estas jornadas junto con todos Ustedes. Les agradezco a todos y a cada uno de Ustedes. Espero poder compartir todo lo que he vivido en este Encuentro con muchos colegas y Superiores en el Vaticano.

Antes de venir al Encuentro me imaginaba que iba a ser un evento nacional, católico, con muchos frutos porque notablemente preparado con extensa y vasta participación. Según la dinámica sinodal que el papa Francisco propone como conversión pastoral. Pero la experiencia de este Encuentro ha superado todas las expectativas.

Lo que más me impresiona es que la Providencia de Dios haya querido que este Encuentro se celebrara precisamente dentro de un momento muy difícil para la Iglesia en Estados Unidos. La Providencia de Dios ha querido que este Encuentro fuera un ‘kairos”, un fuerte acontecimiento del Espíritu de Dios, con abundantes gracias y dones, para bien de la Iglesia en Estados Unidos, en estos tiempos sufridos. ¡Un bálsamo para las heridas! ¡Una caricia de Dios! ¡Un consuelo en tiempos de turbulencia y desolación!

No he encontrado aquí a nadie que se asemejara a aquellos discípulos de Emaús cuando caminaban entristecidos, abatidos, deprimidos, confusos, ante la ignominia de la Cruz en el Calvario, sino que encontré hombres y mujeres que se asemejan a aquellos discípulos cuando sienten arder su corazón al reconocer la presencia de Cristo y su compañía en el camino, convertidos en sus testigos, dispuestos a proclamar con “parresia” ese acontecimiento de salvación. ¡Y vaya si hemos encontrado al Señor durante estas Jornadas, en el rostro de los participantes, en los testimonios compartidos, en la presencia y palabras de los Obispos, en las bellísimas celebraciones litúrgicas!

No encontré quienes se rasgan las vestiduras, ni quienes levantan el dedo inquisidor, ni quienes se contentan con un coro de lamentos, ni quienes se refugian en indiferencias o ignorancias culpables ante situaciones de sufrimiento. ¡No! Encontré auténticos católicos que emprenden con gratitud, alegría y entusiasmo el camino del santo pueblo fiel de Dios, cargando con las cruces pero seguros de la victoria pascual, reconociéndose como comunidad de pobres pecadores mendicantes de Su gracia misericordiosa para el perdón, la purificación y la reconciliación.

Ustedes han mostrado y enseñado a sus Pastores la fidelidad, el amor y la belleza de las personas y comunidades que Dios les ha confiado a su cuidado.

Me parece notable – precisamente cuando dentro de pocos años serán de origen hispano la mitad de los católicos de este gran país – que este evento no haya sido un nicho de mercado y expresión religiosa de los hispanos sino un Encuentro en el que los hispanos se muestran corresponsables de toda la vida del catolicismo estadounidense y le ofrecen una contribución fundamental. Así lo está indicando también la presencia de tan numerosos Obispos de todo el país. ¡Ustedes no son un ghetto separado y adjuntado, sino corresponsables con la vida y el destino de la Iglesia católica en Estados Unidos!

Me congratulo con Ustedes porque el tema escogido para este V Encuentro –“Discípulos misioneros, testigos del amor de Dios” – viene de Aparecida en su formulación y se hace universal con la Exhortacion apostólica “Evangelii Gaudium”, documento capital del actual pontificado que ha marcado el método y los contenidos de este evento. Discipulado y misión son las dos prioridades fundamentales de la vida de la Iglesia. Nada ni nadie puede desconectarnos, distraernos o descentrarnos de tales prioridades. Por eso, el espíritu que hemos respirado en este Encuentro ha sido de profunda comunión afectiva y efectiva con el Sucesor de Pedro, el papa Francisco, con una inteligente, comprometida y activa fidelidad a su Magisterio.

Finalmente, recuerdo que después de grandes eventos, como lo son las Jornadas Mundiales de la Juventud, San Juan Pablo II nos decía que resultaba decisivo “the day after” del encuentro, cuando del entusiasmo compartido pasamos a vivir la fatiga del paso de los días y las horas como si nada de importante aconteciese, absorbidos por un sinfín de ocupaciones en el trajín cotidiano de la vida.

Por eso, me permito – más bien, me atrevo – a plantearles muy sintéticamente 6 grandes cuestiones que me parecen muy importantes para comunidades y líderes hispanos en nuestro “day after”.

La primera es la de continuar a dejarnos aferrar por Cristo en la vida cotidiana, permanecer con El así como lo hemos estado en este Encuentro, volver a encontrarlo día a día especialmente en los sacramentos y la oración, mantenernos bien incorporados en nuestras comunidades junto a nuestros hermanos en la fe, siendo exigentes con la propia formación cristiana. No podemos dejar que vaya diluyéndose nuestra respuesta a la vocación de discípulos-misioneros, sino que crezca en un siempre renovado compromiso cristiano.

En segundo lugar, no podemos olvidarnos – como discípulos-misioneros que somos – de muchos hermanos hispanos que han ido perdiendo su arraigo en la tradición católica, asimilados por la sociedad del consumo, abandonados en la marginalidad o tentados por las comunidades cálidas de “evangélicos” y “neopentecostales”. Hay que mostrarles cercanía, compañía, testimonio atrayente, mucha caridad. Hay que saber escucharlos e invitarlos.

En tercer lugar, ¡cómo no tener presente que en el debate nacional sobre la cuestión hispana – que incluye el tema dramático de los inmigrantes y la precariedad, discriminación y explotación que sufren muchos hispanos – está en juego el “alma” de esta Nación. Por eso, junto a todas las necesarias y valiosas obras de caridad y experiencias de solidaridad, es importante que crezcan las voces y liderazgos hispanos en vida pública, coherentes con su fe y con la Doctrina social de la Iglesia.

En cuarto lugar, hay que tener presente que en la comunión de la Iglesia de Estados Unidos se encuentran muy diversas formas de inculturación de la fe, que no tienen que desarrollarse en compartimentos estancos sino que están llamadas a aprender unas de otras, a enriquecerse recíprocamente, para lograr síntesis cada vez más evangélicas, mas “católicas”, de vivir esa única fe y la misma comunión. El lema de este país –“Ut pluribus unum” – ha de realizarse en forma sorprendente, efectiva y atrayente en nuestro testimonio de comunión católica.

En quinto lugar, Ustedes son conscientes de la necesidad de contar con más sacerdotes que provengan de vuestras comunidades hispanas, escuchando el llamado de Dios. Hoy tenemos más que nunca la necesidad de una nueva generación de santos sacerdotes, siempre confiados a la gracia misericordiosa de Dios, que dejen atrás las pésimas noticias sobre aquellos que han cometido crímenes abominables.

Finalmente, Ustedes hispanos y americanos – y digo “americanos” por derecho de presencia de los hispanos desde hace cinco siglos en las tierras que son hoy de este país – tienen que llegar a ser como un puente que dé cada vez mayor realidad a aquella intuición profética de San Juan Pablo II sobre la “Ecclesia in America” y a la solidaridad entre pueblos y naciones como “forma mundis” de esta comunión eclesial.

 

¡Vaya responsabilidades que tienen por delante! No les faltara la gracia de Dios y el cuidado maternal de Nuestra Señora de Guadalupe.