Más que un Convenio, un gran evento eclesial

El Congreso Internacional "Ecclesia in America"

Redacción CAL
12/13/12
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Todos los participantes en el Congreso Internacional “Ecclesia in America” celebrado recientemente en el Vaticano estuvieron de acuerdo en que se trató de algo más que un convenio: fue un verdadero evento eclesial que unió a católicos de casi todas las naciones americanas.

El Congreso, celebrado entre los días 9 y 12 de diciembre “bajo la guía de Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de América y Estrella de la Nueva Evangelización”, contó con más de 300 participantes provenientes de todas las latitudes americanas. Cardenales, Obispos, Sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos y laicas comprometidos con la evangelización en los más diversos campos se hicieron presentes para estos días de estudio, intercambio y oración.

Participaron en el Congreso los Cardenales Antonio Cañizares Llovera, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos; Gerhard Ludwig Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe; Mauro Piacenza, Prefecto de la Congregación para el Clero; Jean-Louis Tauran, Presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso; Thomas Collins, Arzobispo de Toronto; Nicolás de Jesús López Rodríguez, Arzobispo de Santo Domingo; Sean O’Malley, Arzobispo de Boston; Óscar Andrés Rodríguez Madariaga, Arzobispo de Tegucigalpa; William Joseph Levada, Prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe; Bernard Francis Law, Arcipreste emérito de Santa María Mayor; Juan Sandoval Íñiguez, Arzobispo emérito de Guadalajara. 

El Congreso, como lo señaló el Card. Ouellet en su discurso inaugural, tuvo un magnífico inicio en la bellísima celebración eucarística en el altar de la Cátedra, presidida por el mismo Presidente de la CAL y concelebrada por todos los Obispos y presbíteros presentes; Pero sobre todo, fue el discurso del Santo Padre luego de la Santa Misa aquello que marcó la pauta inicial y constituyó –en palabras del mismo Card. Ouellet– “referencia fundamental de iluminación y guía, de aliento y bendición para los trabajos”.

En opinión de varios de los participantes, es destacable el generoso gesto de Benedicto XVI de descender de su apartamento un domingo por la noche para sostener una Audiencia de esta naturaleza, lo que es expresión del lugar que ocupa en su corazón y en sus pensamientos el pueblo católico que peregrina en esas latitudes, así como una muestra de confianza en el trabajo que realiza la CAL. Y precisamente el Santo Padre manifestó su alegría por la iniciativa impulsada por la Pontificia Comisión para América Latina y los Caballeros de Colón de “ahondar en la consideración y proyección de la Exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in America", y consideró “un regalo de la Providencia” el hecho de que Congreso tuviera lugar “poco después de comenzar el Año de la fe y tras la Asamblea general del Sínodo de los Obispos dedicada a la nueva evangelización”; “Vuestras deliberaciones –señaló– contribuirán valiosamente a la ardua e imperiosa tarea de hacer resonar con claridad y audacia el Evangelio de Cristo”. 

Al final de la Audiencia, los señores cardenales y algunos obispos presentes se acercaron al Santo Padre para saludarlo brevemente. Seguidamente, luego de despedir a Benedicto XVI, los participantes se dirigieron al atrio del Aula Paolo VI donde participaron en una animada recepción, la que fue una excelente oportunidad para iniciar el diálogo y el intercambio que el Congreso quería promover, en un clima agradable de amistad.

El día siguiente, lunes 10 de diciembre, fue el día con mayor concentración de trabajo intelectual o de reflexión, ya que estuvo marcado por las tres conferencias magistrales matutinas, introducidas por el saludo inicial del Card. Ouellet, y seguidas del trabajo por grupos durante la tarde. Luego del rezo de las Laudes tuvieron lugar las palabras de saludo e introducción del Cardenal Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina.

En sus palabras el Presidente de la CAL resalto que el objetivo principal del Congreso era el de “intensificar los vínculos de comunión entre las Iglesias locales del continente americano”, comunión que “encuentra su fuente y su cumbre en la Eucaristía y queda expresada y garantizada por la comunión afectiva y efectiva con el Sucesor de Pedro, Pastor universal, que es signo, testigo y constructor de la unidad de todos los fieles cristianos en la verdad y caridad”. Y puso en evidencia al mismo tiempo el hecho de que se realizase en directa conexión con el “Año de la Fe” convocado por Su Santidad Benedicto XVI; el Cardenal invitó a sentirse “orgullosos porque este Congreso es uno de los primeros grandes eventos en el curso de este año lleno de gracias y de responsabilidades”. Y señaló asimismo la clara intención ponerse en estrecha sintonía con lo señalado por la Carta apostólica Porta Fidei cuando plantea la exigencia de “redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo”. Finalmente, el Card. Ouellet señaló que para afrontar los diversos problemas y retos que plantea la actual misión de la Iglesia en América Latina “ es fundamental que se viva en cada Iglesia local y en las relaciones entre todas ellas un profundo sentido de comunión y pertenencia. Este Congreso –aseveró- desea ser una viva experiencia de esa comunión, creando y fortaleciendo vínculos de amistad entre todos los participantes.” Y terminó expresando su deseo de concluir los trabajos “compartiendo y proponiendo renovadas modalidades y caminos para que se irradie esa comunión eclesial en todo el continente americano, guiada y significada por sus Obispos, en comunión inquebrantable con el Sucesor de Pedro.”

Luego de las palabras del Cardenal Presidente de la CAL, que sirvieron de marco general para encuadrar los trabajos, tuvo lugar la Conferencia del Rev. Mons. Eduardo Chávez Sánchez, Director del Instituto Superior de Estudios Guadalupanos, quien desarrolló el tema “El acontecimiento guadalupano, en el origen de la evangelización del Nuevo Mundo Americano”. La Conferencia de Mons. Chávez, a decir de los participantes en el Congreso fue “un inicio perfecto”, pues se trató de una excelente combinación de contenidos teológicos y pastorales, realizada de manera muy amena y con un fuerte componente exhortativo. 

Mons. Chávez introdujo su Conferencia planteando una pregunta fundamental: ¿dónde radica la verdadera importancia de la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe? ¿Porqué los papas –Juan Pablo II, de manera muy especial– han dado tanta importancia a esta advocación y a su valor religioso y cultural?

Y respondía que “el acontecimiento guadalupano, si bien se verifica en un momento histórico y en un lugar determinado, trasciende fronteras, culturas, pueblos, costumbres, etc.; llega hasta lo más profundo del ser humano; además, toma en cuenta la participación precisamente de este ser humano, concreto e histórico, con sus defectos y virtudes, para que con su intervención fuera más allá de lo que la humana naturaleza permitiría”. Y es por ello –señalaba el p. Chávez– que se trató de un verdadero acontecimiento salvífico, en el que Dios, tomando la iniciativa e invitando al hombre a la conversión, genera un verdadero “giro” radical en la historia concreta de una entera cultura.

Seguidamente, el p. Chávez realizó un recorrido histórico por las diferentes etapas que marcaron el evento de Guadalupe, poniendo también en evidencia las circunstancias históricas y culturales que le sirvieron de marco y que son importantes para su recta comprensión. Particularmente significativa fue la presentación del evento guadalupano como modelo de cooperación entre el laicado y la jerarquía eclesiástica en función de la evangelización. En este sentido, Chávez Sánchez resaltó el hecho de que María eligiera a un laico como su “vocero oficial” ante el Arzobispo, y al mismo tiempo la importancia de que todo, por indicación directa de la misma Madre de Dios, tuviera que ser sometido a la aprobación del último, para quedar definitivamente en sus manos en cuanto cabeza de la Iglesia local.

Finalmente Mons. Chávez propuso el acontecimiento guadalupano –citando las palabras de Juan Pablo II– como “un gran ejemplo de evangelización perfectamente inculturada”, que mantiene su actualidad y que sigue siendo modelo de inculturación del evangelio al mundo de hoy.

Seguidamente, luego de un breve descanso, tuvo lugar la Conferencia del Secretario de la Pontificia Comisión para América Latina, el profesor Guzmán Carriquiry Lecour, titulada “La Exhortación apostólica postsinodal  Ecclesia in America: profecía, enseñanzas y compromisos”.

El prof. Carriquiry comenzó su conferencia contextualizando la convocatoria de Su Santidad Juan Pablo II a un “sínodo continental”, que trascendiese incluso la idea de una “integración latinoamericana”, presente como tema y como intención en los trabajos y en conclusiones de la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo. En este sentido, señaló el problema de una cierta “incomunicación eclesial” entre las iglesias de América Latina y las de los Estados Unidos y Canada, que se dio sobre todo en el largo periodo que medió entre la primera evangelización –de matriz común– y los tiempos muy posteriores del Concilio Vaticano II. La Exhortación Apostólica Eclessia in America, en palabras del Secretario de la CAL, pretendía poner nuevamente a las iglesias de todo el continente en la perspectiva de esta nueva “inter-comunicación”.

Seguidamente, Carriquiry realizó un rápido repaso de los nuevos “escenarios inter-americanos”, señalando al mismo tiempo que –como se lee en la Ecclesia in America, n. 14– junto con “el mayor don que América ha recibido del Señor “, que “es la fe, que ha ido forjando su identidad cristiana”, se constata una dinámica de erosión de esa fe, que es el mayor escoyo a la evangelización. Se plantea entonces, como única solución real al problema de la secularización seguir dos vías fundamentales: “recomenzar desde Cristo” y la “santidad de ayer y de hoy”; y todo ello como camino para la conversión personal y la comunión, una comunión que se debe plasmar en los diferentes estamos eclesiales y que debe revestir un verdadero carácter continental.

Sin embargo es necesario, señalaba el Secretario de la CAL, identificar los síntomas actuales de la “crisis de comunión” que pueden llevar a la Iglesia “a replegarse sobre sí, a ocuparse más de asuntos eclesiásticos que del testimonio al que está llamada a dar, a alimentar problematizaciones inhibitorias de energías evangelizadoras y solidarias en la vida de los pueblos”. Pero ello no es sino un paso necesario para descubrir los verdaderos caminos que conducen a la experiencia única de la caridad cristiana que “rebosa en la comunión de los discípulos y testigos de Cristo”.

En la parte final de su Conferencia, el prof. Carriquiry señaló diferentes “caminos de solidaridad”, los cuales, teniendo como núcleo el encuentro con Jesucristo vivo, constituyen ámbitos de trabajo en común y “desafíos comunes”, como ocasiones privilegiadas hacia una mayor comunión eclesial. Y terminó su intervención con una pregunta fundamental para hoy: “¿Cómo no concluir con el dato ineludible de que más del 50% de los católicos de todo el mundo están en la ‘Ecclesia in America’?” Es un porcentaje destinado a crecer en las próximas décadas”. Y añadió: “se trata no sólo de una gran responsabilidad respecto al destino de los pueblos y naciones en los que viven, sino de toda la catolicidad. De la Iglesia en América, de su misión evangelizadora, dependerá en gran medida, al menos para las próximas décadas, el futuro de sus pueblos y, a la vez, de toda la Iglesia católica. 

Su solicitud apostólica tiene que alentar una ardorosa y nueva evangelización de los pueblos del continente, que abra caminos de vida nueva para todos los americanos, creciendo a la vez la conciencia y el compromiso de su contribución en la missio ad gentes, en comunión, fidelidad y colaboración con el ministerio del Pastor universal.”

La mañana de reflexión se cerró con la Conferencia pronunciada por el prof. Carl Anderson, Caballero Supremo de los Caballeros de Colón, quien se abocó al tema: “La Exhortación Apostólica Ecclesia in America, bajo la intercesión de Nuestra Señora de Guadalupe, Estrella de la nueva evangelización y madre de la civilización  del amor”.

La conferencia del prof. Anderson tuvo un inicio muy sugestivo, al proponer las primeras palabras de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego, en su primer encuentro con el indio –¿qué te está sucediendo? ¿hacia dónde vas? ¿hacia dónde te diriges?–, como preguntas para el presente de la Iglesia en América: ¿qué está sucediendo en nuestro continente? ¿hacia dónde nos dirigimos? ¿adónde apuntamos?

Para las iglesias que peregrinan en naciones americanas –señaló Anderson– Ecclesia in América es como el “molde matriz” de la Nueva Evangelización. Pero al hablar de “nueva evangelización” no hablamos de un contenido nuevo, pues es la misma verdad de Cristo la que se anuncia, sino de un nuevo modo de proclamar esa verdad; de allí la necesidad de una evangelización inculturada.

A partir de este marco, Anderson desarrolló un interesante paralelismo entre la inculturación evangelizadora producida por el evento guadalupano y la necesidad actual de un nuevo acontecimiento evangelizador protagonizado por los fieles de la Igelsia bajo la misma guía de Nuestra Señora de Guadalupe. Dicha inculturación del evangelio se produjo en momentos en que la cultura dominante era una marcada por el miedo, el conflicto y la muerte, como condiciones necesarias para la vida. ¿No vemos aún hoy en día estas mismas características? –se pregunta Carl Andersón.

De lo que se trata, por lo tanto, cuando hablamos de “nueva evangelización” es de la instauración de una verdadera “civilización del amor” que sustituya a la cultura de muerte imperante en la realidad contemporánea. Pero una “civilización del amor –indicó el prof. Anderson– no puede ser impuesta  desde arriba o desde fuera de la cultura histórica particular. Este es el punto de partida para una auténtica nueva evangelización inculturada. Y es precisamente por eso –añadió– que tenemos que dirigir nuestra mirada siempre a Nuestra Señora de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización. Y esta es la razón por la que también podemos ver en Nuestra Señora de Guadalupe a la Madre de la Civilización del amor.”

Seguidamente el profesor Anderson desarrolló algunos puntos valiosos que se desprenden del acontecimiento guadalupano e iluminan el panorama actual de la Iglesia para los tiempos nuevos. En primer lugar, resaltó que Nuestra Señora de Guadalupe no es sólo una advocación latinoamericana o, menos aún, mexicana, sino un verdadero modelo para todos los cristianos, portadora de un mensaje eclesial y universal. En segundo lugar, es modelo perfecto de evangelización inculuturada, que habla al individuo concreto y pone delante de él “la relevancia de Cristo” para su situación actual. Arroja, en tercer lugar, luces abundantes que iluminan la misión de los laicos en la Iglesia de hoy, la cual hunde sus raíces en el bautismo y se proyecta en la llamada clara a la santidad y a la evangelización. Finalmente, es portador de “una caridad que evangeliza”, siendo “el método de Cristo que habla más fuerte el amor en todas sus formas, empezando por la familia y que se extiende a lo más general, pero que al mismo tiempo urgen a la preocupación por los pobres y por todos aquellos que sufren”.

Anderson terminó su conferencia con las mismas palabras con las que concluye el la exhortación sinodal Ecclesia in America: “Enséñanos a amar a tu Madre, María, y danos fuerza para anunciar con valentía tu Palabra en la obra de la nueva evangelización, para que el mundo conozca una nueva esperanza. ¡Nuestra Señora de Guadalupe, ruega por nosotros!”, palabras que, a decir del profesor Anderson, “encarnan acertadamente el significado de este encuentro”.

La mañana concluyó con algunas indicaciones prácticas para la organización de los grupos de trabajo, los cuales se realizaron durante la sesión vespertina y estuvieron caracterizados por un clima de gran amistad y por un interesante intercambio de ideas. Los temas que se debatieron en los grupos fueron: “Una evangelización nueva. Nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión”: significado, implicaciones y tareas en el continente americano (cfr. EAm, nn.2, 6, 66-74); “El encuentro con Jesús por medio de María”: experiencias de filiación y discipulado en los pueblos americanos (Cfr. EAm, nn. 8-13); ¿Qué significa ser, para la Iglesia, sacramento de comunión y reconciliación a escala del continente americano?  (cfr. EAm, nn. 33-45); Desafíos para la familia cristiana, la dignidad de la  mujer y la esperanza de los jóvenes en el continente americano (cfr. EAm, nn. 45-48); ¿Qué dicen las Iglesias americanas, sobre “su amplia presencia en el campo de la educación” y, de modo especial, en el mundo universitario? (cfr. EAm, nn. 18, 71-72); Unidad de los cristianos y reto de las sectas (cfr. EAm,  nn. 49, 73); Caridad y solidaridad desde un “amor preferencial por los pobres y marginados” (cfr. EAm, nn. 52-60); Algunos graves y comunes problemas sociales: corrupción, drogas, carrera armamentista, cultura de la muerte, situación de los indígenas y afroamericanos, problemática de los inmigrados (cfr. EAm, nn. 60-65). Cada uno de los grupos contó con un Moderador, una persona encargada de introducir el tema y un secretario encargado de recoger, sintetizar y exponer los aportes del grupo en la sesión plenaria del día siguiente.

La sesión vespertina concluyó con la Conferencia magistral dictada por S. E. Mons. Luis Ladaria, Secretario de la Congregación para la Doctrina de la fe, sobre “El significado del Año de la Fe”.

Mons. Ladaria comenzó por una diagnóstico de la realidad actual en relación con este tema, en el que la cultura contemporánea aparece marcada por una fuerte crisis de fe y el alejamiento de la Iglesia y aún de Dios, a lo que se suma lo señalado por Su Santidad Benedicto XVI como “analfabetismo religioso”. Ante ello, es necesario mirar hacia los desafíos actuales de la Iglesia tomando en cuenta dos hitos fundamentales de los últimos 50 años: la celebración del Concilio Vaticano II y la promulgación, en el año 1992, del Catecismo de la Iglesia Católica, en cuanto dos señales fuertes que en cierto modo indican lo expresado por la Carta Apostólica de Benedicto XVI con la que se promulgó el Año de la Fe, Porta Fidei: el principio fundamental, la fe abierta a todos.

Mons. Ladaria explicó luego cómo la Fe está compuesta también de un conjunto de contenidos que han de ser aceptados y vividos personalmente, y cuyo centro es Cristo: la fe es fundamentalmente “Fe en Cristo, único salvador del mundo”. Pero es una fe que sólo puede alcanzar a los hombres a través del testimonio. “En la fe aceptamos a nuestro Salvador, verdadero Dios y verdadero hombre, que con su muerte nos da la vida. Y lo aceptamos como único salvador del mundo”, señaló Mons. Ladaria y, por lo tanto, la profesión de fe, no es sólo un acto personal, sino fundamentalmente testimonial.

Luego, el Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe explicó los tres elementos señalados por Su Santidad Benedicto XVI en Porta Fidei como puntos cardinales “que deberán ser tenidos en cuenta especialmente por todos los católicos en este Año de la Fe: la confesión, la celebración, el testimonio”, es decir, la fe confesada, la fe celebrada y la fe testimoniada.

Finalmente, Mons. Ladaria hizo eco del llamado de Benedicto XVI a todos los fieles señalando dos pautas fundamentales para vivir el año de la fe. En primer lugar se trata de “permanecer en la fe recibida, en lo que hemos aprendido y creído, estando “anclados y fundados en la fe que hemos recibido”. Pero por otra parte se nos exhorta a “buscar la fe”. Buscar la fe que ciertamente tenemos, pero en la que podemos siempre crecer. Y se puede crecer en la fe, según explicó Ladaria, de dos maneras: “de un modo que llamaríamos ‘extensivo’, es decir, un mejor conocimiento de las verdades de la fe, de la fidesquae. Pero también puede haber un crecimiento ‘intensivo’, en la fides qua, un mayor aceptación interna de las verdades y de Dios mismo, un mayor asenso y religioso obsequio a lo que Dios nos propone, una más perfecta ‘obediencia de la fe’”.

El profesor Ladaria terminó su conferencia expresando su deseo de que “el Espíritu nos guíe a todos en este Año y nos introduzca y nos haga penetrar más, a cada uno de nosotros y a la Iglesia entera, en las profundidades de Dios para que así podamos anunciar mejor a todos los hombres la fe salvadora en Cristo Jesús.”

Al día siguiente, el martes 11 de diciembre, luego de la celebración de las Laudes, se realizó la presentación de las conclusiones de los grupos de trabajo. Durante una hora y media, los secretarios de los diferentes grupos presentaron de manera sintética las principales ideas acerca de lo conversado el día anterior, con un énfasis especial en la proposición de caminos concretos hacia un proyecto evangelizador común en las diferentes naciones americanas. Dichas conclusiones fueron posteriormente recogidas para un ulterior trabajo de profundización y para la elaboración de propuestas concretas que serán compartidas no sólo con los que participaron en el Congreso sino con las diferentes iglesias, en cuanto aportes para la nueva evangelización en América del Norte, Centro y Sur. 

Luego de la presentación de los grupos de trabajo tuvo lugar lo que fue para muchos uno de los momentos más intensos de oración y de comunión en el Congreso: el Santo Rosario en los Jardines Vaticanos, el que fue presidido por S. E. Mons. James Conley, Obispo de Lincoln y S. E. Mons. Juan Vicente Córdoba Villota, Obispo de Fontibón.

Fue un acto que revistió un valor particularmente simbólico, ya que comenzó con una peregrinación desde el Aula Paolo VI hasta el lugar alto donde se encuentra el monumento que representa aquel momento en que San Juan Diego presenta al Arzobispo Fray Juan de Zumárraga la Tilma con la imagen impresa de Nuestra Señora de Guadalupe.

Algunos calificaron la caminata como “un recorrido hasta el pequeño “tepeyac vaticano”. Allí tuvo lugar la celebración del “Rosario Guadalupano” con oraciones y meditaciones preparadas según los misterios de gozo y acompañadas por reflexiones a partir de los textos del Nican Mopohua. La celebración del rosario estuvo también animada por bellísimos cantos interpretados por la cantante Filippa Giordano.

El mismo martes 11 por la tarde en la Sala Pio X en Via della Conciliazione, tuvo lugar la presentación titulada “El esplendor de belleza en la imagen de Nuestra Señora de  Guadalupe; investigaciones científicas sobre la tilma”, dirigida por el Rev. Mons. Eduardo Chávez, Director del Instituto Superior de Estudios Guadalupanos. También esta actividad fue animada por bellísimos cantos interpretados por la cantante Filipppa Giordano, dedicados a Nuestra Señora de Guadalupe. 

Durante dos horas intensas el p. Chávez hizo un repaso de los principales elementos contenidos en la “tilma milagrosa” de Nuestra Señora de Guadalupe, presentándola como un modelo perfecto del Evangelio inculturado en un momento concreto de la historia y en una situación cultural y social que termina siendo radicalmente transformada gracias a una intervención divina directa. También realizó un repaso de las últimas investigaciones acerca del “manto” de Guadalupe, las cuales no sólo confirman aquello que ha sorprendido a miles de personas desde hace siglos, sino que revelan nuevos elementos para la contemplación de este hecho milagroso.

Los participantes estuvieron gratamente satisfechos por esta presentación, ya que el p. Chávez integró muy bien elementos de carácter teológico con aquellos propiamente científicos, dando además abundantes luces pastorales, explicando las consecuencias del “hecho guadalupano” para la Iglesia y la sociedad no sólo de aquel entonces sino también de hoy en día. Hubo también espacio para una fuerte invitación a crecer en la piedad mariana y en el amor hacia quien es “la Madre del verdadero Dios por quien se vive”.

El día siguiente, miércoles 12 de diciembre, último día del Congreso, comenzó con la partipación de todos los asistentes a la Audiencia General del Santo Padre en el Aula Paolo VI. Al final de sus palabras el Santo Padre dirigió un “saludo cordial a los peregrinos de lengua española, en particular a los participantes en el Congreso Internacional promovido por la Pontificia Comisión para América Latina”, a lo que los participantes respondieron con un fuerte aplauso y con vivas a Benedicto XVI.

Por la tarde tuvo lugar la Conferencia de S. E. R. el Cardenal Sean O’Malley, Arzobispo de Boston, titulada “Escenarios y propuestas  para la comunión y colaboración entre las Iglesias del continente americano y para la solidaridad entre los pueblos”.

En su exposición, el Card. O’Malley se refirió primeramente a su propia experiencia al haber trabajado durante más de 20 años con los hispanos en Washington, lo que marcó hondamente su experiencia como sacerdote y como religioso, y le dio muchas luces para comprender la necesidad profunda de una mayor integración entre los católicos del contienente. Por ello el tema de la conferencia –según refirió– no fue para él “algo extraño o abstracto”, sino algo que siempre ha sentido de manera apasionada.

El Arzobispo de Washington hizo referencia luego a las positivas experiencias que han existido desde hace muchos años, especialmente a partir del Concilio Vaticano II, de intercambio misionero y de sacerdotes, y señaló la importancia de considerar a la creciente cantidad de católicos hispanos presentes en los Estados Unidos, número que pronto alcanzará la mayoría y que requiere de un mayor esfuerzo pastoral para preparar sacerdotes que puedan atender esa importante realidad. Asimismo señaló la necesidad urgente de “conectar” más a las Iglesias que envían con aquellas que reciben misioneros.

El Card. O’Malley habló también de la importancia de promover una mayor unidad entre las Iglesias de todo el hemisferio especialmente frente a los temas que constituyen los más grandes retos para la evangelización: el creciente proceso de secularización y la necesidad de una apologética actual; la urgencia de formar líderes católicos auténticos y convencidos de su fe que actúen en los diferentes ámbitos de la vida política y social de los países; la protección de la niñez; la defensa de la vida y de la familia; la presencia más fuerte en los medios de comunicación. 

El Prelado terminó su conferencia invocando el Año de la Fe, al señalar que “sólo la Fe es capaz de superar las desigualdades económicas, el individualismo extremo propagado por el secularismo” y confiando a Nuestra Señora de Guadalupe el deseo de que se abran las puertas de la fe, la porta fidei, a todo el mundo.

Luego de la Conferencia del Card. O’Malley tuvo lugar la discusión abierta en sesión plenaria. Numerosos participantes tomaron la palabra y tuvieron ocasión de expresar sus opiniones y sugerencias para las futuras líneas de acción; dichos aportes serán recogidos posteriormente cuando se publique el documento conclusivo de la Conferencia.

Seguidamente, el Card. Ouellet, quien presidía la sesión, tomó la palabra y señaló algunos puntos fundamentales a manera de conclusión de todo el evento.

El Congreso concluyó de la mejor manera posible con la hermosa celebración Eucarística realizada en la Iglesia de Santa María in Traspontina. Los participantes se dirigieron a pie desde el Aula Paolo VI hacia Via de la Conciliazione para la Santa Misa.

Al final de la celebración litúrgica, algunos de los participantes en el Congreso, provenientes de México, entregaron como regalo al Presidente de la CAL un enorme cuadro de Nuestra Señora de Guadalupe, como un signo elocuente de su presencia en el Congreso y como expresión del deseo de que su intercesión suscite abundantes frutos en favor de la nueva evangelización en las naciones americanas.